1.1.1 Surgimiento prehistórico
Algunos académicos afirman que los orígenes de la AM [1, 2] se remontan a mediados del siglo XIX, cuando Françoise Willème, en Francia, desarrolló en 1859 el primer proceso para una fotoescultura 3D adaptada de una técnica fotográfica relativamente nueva [3]. Este proceso resulta interesante, ya que combinaba la idea del modelado aditivo con un intento analógico de escaneo 3D. La idea de Willème era convertir imágenes fotográficas planas 2D de personas en una representación 3D. Dispuso 24 cámaras en círculo alrededor de la persona y expuso las placas para capturar simultáneamente varias siluetas que se recortaban y unían figurativamente alrededor de un eje central. El modelo de segmento con un contorno exterior era una representación del sujeto fotográfico y se elaboraba en madera utilizando herramientas de transferencia mecánica con un proceso disponible. Beaman [1] acuñó el término “Fabricación Sólida de Forma Libre” como un término anterior para la AM, y dio reconocimiento al proceso de fotoescultura, así como a una novedosa técnica de cartografía topográfica. En 1890, el cartógrafo estadounidense E. Blanther presentó una patente para un método de producción de mapas en relieve en 3D [4]. Este se basaba en la superposición de placas de cera contorneadas, una a una, que luego se fusionaban en capas y se alisaban en las superficies exteriores. En el trabajo de Baese (1904) [5] y Montheath (1924) [6], se utilizaron materiales fotosensibles y un uso selectivo y graduado de la luz para crear la unión entre los materiales. En 1925, Westinghouse Electric and Manufacturing Corporation patentó una técnica manual de deposición de energía dirigida (DED) basada en are. Su proceso utilizaba un arco eléctrico para depositar capas fundidas superpuestas desde un electrodo metálico para producir objetos ornamentales en 3D [7]. Más tarde, en 1951, Otto John Munz [8] propuso el uso de fotopolímeros en una forma análoga de estereolitografía; y DiMatteo, en 1974, sugirió un método análogo para crear un molde de fundición capa por capa para objetos con geometrías de superficie complejas [9]. Sin embargo, estas ideas carecían de los requisitos tecnológicos para su aplicación industrial, ya que se limitaban a una configuración analógica. Por lo tanto, lo que demuestra la ventaja competitiva de la fabricación aditiva (FA) frente a otros procesos de fabricación convencionales es la integración intrínseca de la tecnología digital en el proceso de producción.